Adventist Television Ministries / World Budget

Available Language(s):


AUTHOR: Nikolaus Satelmajer

The Seventh-day Adventist Church has been a pioneer in broadcasting the Gospel over television. Individuals such as William Fagal, George Vandeman, and C. D. Brooks had the vision to use television as an evangelistic tool. Even today many individuals get their first introduction to the Adventist message by watching one of our television programs. Many of these individuals are not necessarily looking for a spiritual broadcast, but when they come across it, often their minds are open to the message.


Today, an offering is being taken throughout North America for the support of the various Adventist television ministries. You and I have the opportunity to support these ministries with our prayers and offerings. Also, watch some of television ministries programs—you will receive a blessing.


Ask the Lord to guide you in returning a faithful tithe and giving an offering for Adventist television ministries.



AUTHOR: Daniel Duffis

Zaqueo y el dinero


¿Por qué Dios nos da tantas instrucciones sobre el dinero y las posesiones? Aprendamos algo de la historia de Zaqueo. Era un publicano, un recaudador de impuestos que quiso ver a Jesús. Cuando tuvo su encuentro personal con Cristo, su actitud hacia el dinero cambió. Donó la mitad de su fortuna y devolvió por cuadruplicado a los que había estafado. “Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa” (Luc. 19:9). Jesús midió la verdadera condición espiritual de Zaqueo por su disposición de apartarse de sus posesiones.


Aquí encontramos un principio fundamental y eterno: Hay una relación poderosa entre nuestra verdadera condición espiritual y nuestra actitud y acciones hacia el dinero y las posesiones. El dinero puede convertirse en nuestro amo, a menos que Jesús sea nuestro Señor. ¡No hay punto intermedio! Si Jesús no es Señor sobre nuestro dinero y nuestras posesiones, entonces no es Señor de nuestra vida.


“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Mar. 12:30). Cuando amamos a Dios por sobre todas las cosas, estaremos dispuestos a entregárselo todo.