Local Church Budget

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AUTHOR: NAD Stewardship

Our Local Church Budget


A blind Indian beggar wearing only a loin cloth sat beside a road, eating the rice in his little bowl. A few travelers occasionally gave him a little rice. One day he heard the thunder of a chariot in the distance. It was the grand entourage of the great king. Surely he would stop to give him baskets of rice.

Indeed, the golden chariot stopped before the beggar. The great one stepped down, and the beggar fell before him. “Give me your rice,” said the great king.

A fearful, hateful, scowl masked the face of the beggar. He reached into his bowl and thrust one grain of rice toward the king. “Is that all?” said the great one. The beggar spat on the ground, cursed, and threw him one more grain of rice. Then the great one turned, entered his chariot, and left.

The beggar—angry, empty, and crushed—grabbed for the remaining rice he had hoarded in his bowl. Yet he felt something different. He pulled it out. It was one grain of gold. Pouring out his rice, he found another grain of gold. Had he trusted the great one, he could have received a grain of gold for every grain of rice he had.

Galatians 6:7 says, “For whatever a man sows, that he will also reap” (NKJV). When we give our offerings today, let’s remember to treat God as we would like Him to treat us


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AUTHOR: NAD Stewardship

​Presupuesto de Nuestra Iglesia Local


Un mendigo indio ciego estaba sentado, toqueteando el arroz en su pequeña taza. Vestido sólo con un taparrabos, se sentó en pobreza al lado de una carretera. Algunos viajeros a veces le daban un poco de arroz. Un día oyó el estruendo de un carro en la distancia. Era la gran comitiva del maharajá. Sin duda, El Señor se detendría y le daría cestas de arroz.


De hecho, el carro dorado del maharajá se detuvo ante el mendigo. El Señor se bajó, y el mendigo cayó ante él. "Dame tú arroz", dijo El Señor.


Un miedo y odio enmascaraban el rostro ceñudo del mendigo. Metió la mano en su taza y lanzó un grano de arroz hacia el maharajá. "¿Eso es todo?", Dijo el hombre rico. El mendigo escupió en el suelo, maldijo, y le lanzó otro grano de arroz, entonces El Señor se volvió, entró en su carro y se fue.


El mendigo enojado, vacío y humillado, toqueteo el arroz restante que había acaparado en su taza. Sintió algo diferente en el arroz. Lo sacó. Era un grano de oro. Él derramó su arroz, sin importarle y encontró otro grano de oro. Si hubiera confiado en El Señor, podría haber tenido un grano de oro, por cada grano de arroz.


La Biblia dice, “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” Gálatas 6:7. Al dar nuestra ofrenda hoy recordemos tratar a Dios como a nosotros nos gustaría que El nos trate.